La Voz

A TRAVÉS DE LA CONFUSIÓN DE SU JOVEN VIDA, DIOS LE HABLÓ CLARAMENTE.

Farid recuerda claramente la villa de su familia, donde él siendo un niño pequeño soñaba con hacer algo grande en la vida. Eso fue antes de la guerra, cuando él no sabía qué era una bomba, días en los que no se preocupaba por morir joven. Pero el horror que su familia experimentó los hundió en el mundo de los refugiados. Pasaron tres años hasta que finalmente pisó un salón de clases nuevamente, cuando fue ubicado en una escuela en un país vecino.

«Fue muy difícil, tuve que aprender un nuevo idioma. Nunca estuve en el salón adecuado para mi edad. Estaba enojado, confundido, también demasiado afectado para relacionarme con las personas. Algunos decían que era autista», recuerda Farid.

Un día un amigo lo invitó a una reunión en el Centro de Aprendizaje, donde escuchó fascinantes historias sobre los profetas. «No sabía que ese era un lugar cristiano, ni siquiera sabía lo que era un cristiano». Pero su padre se enteró y le prohibió regresar.

Por supuesto, Farid no tenía buen rendimiento en las clases. Él se relacionaba con malas compañías, peleaba con sus maestros y fue entonces cuando fue culpado por algo que no hizo y lo expulsaron de la escuela. Ahora era un chico de 16 años sin un lugar a donde ir.

Una vez más, su amigo lo invitó al Centro de Aprendizaje, pero esta vez para tomar clases. Su padre aceptó renuentemente. Eso significaba cambiar de idioma nuevamente, sin embargo, eso no le impidió discutir con sus maestros sobre las cosas que aprendía sobre Dios, para después volver a casa y discutir con su padre sobre esos temas.

Él se dio cuenta de algo inusual cuando un día en medio de una acalorada discusión acerca de la religión de su familia, su padre le ordenó: «¡Basta!, nunca hablaremos de esto nuevamente». Farid dejó de discutir, pero continuó escuchando a sus maestros del Centro de Aprendizaje. Lo que había aprendido tenía sentido, pero ahora tenía muchas preguntas, y ningún lugar para hacerlas.

Un día uno de sus maestros del Centro de Aprendizaje tuvo una idea. «¡Ven conmigo a un club, donde aprenderás muchas cosas nuevas!» Así fue su primera experiencia en el Club de Conquistadores. Las especialidades lo intrigaban, pero el director del club, Rafael, fue muy amable con él. Farid conoció nuevos amigos.

Entonces el COVID llegó y todo fue cerrado. Perdió contacto con sus amigos de Conquistadores.

Farid encontró un edificio cerca de su casa donde podía conseguir internet para hacer sus tareas de la escuela, allí un trabajador lo invitó a estudiar la Biblia. No pasó mucho tiempo antes de que empezaran a reunirse tres o cuatro veces por semana. «Fue muy intenso», recuerda Farid. «Pero no podía entender nada. Las cosas que estudiábamos eran muy complicadas, tanto que sentía que mi cabeza iba a explotar». La presión incluso empezó a aumentar cuando el trabajador comenzó a instar a Farid a contarle a sus padres lo que estaba aprendiendo y que sería bautizado. «Yo simplemente no podía hacer eso», admite Farid. «Solamente la idea me aterraba. Y abandoné esos estudios».

El desánimo se instaló en Farid. Estaba intentando prepararse para hacer el examen para el diploma de secundaria, pero no le estaba yendo bien. No tenía trabajo ni ninguna habilidad para encontrar alguno. Se sentía aislado. «Decidí que mi vida estaba arruinada, sin oportunidades. Estaba solo».

Un día, mientras sus padres pensaban que había salido de casa para orar, se dirigió a la calle para tomar un refresco, suplicando y llorando todo el camino, «¡Ayúdame, Dios! Muéstrame qué hacer con mi vida. Muéstrame el camino correcto, ¡por favor!» Fue entonces que pensó en Rafael, el director de Conquistadores que había sido tan amable con él.

Un amigo arregló una reunión para que ellos se encontraran, «Tenía planeado hablarle sobre mis estudios», recuerda Farid, «pero en lugar de eso, de mi boca salió “Quiero conocer más sobre Jesús”».

Inmediatamente Farid se arrepintió de lo que había dicho. Tenía miedo de su hermano, que estaba cerca de él y hubiera escuchado lo que había dicho. ¿Qué harían sus padres si su hermano les contaba?

Pero desde la primera reunión con Rafael, Farid sintió paz en lugar de la presión que antes había sentido mientras estudiaba la Biblia con otras personas. Quizá fue porque Rafael prometió mantener el interés de Farid en privado. Tal vez también, porque Farid entendía lo que estaba aprendiendo, y quería aprender más.

Al final de uno de los estudios, Farid expresó, «Quiero ser bautizado». Una vez más, tenía miedo. ¿Por qué había dicho eso? ¿Cómo podría hacer pública su decisión por Jesús? Su padre le había contado una vez sobre un sueño en el que había recibido permiso por parte de un ser, de matar a cualquiera que se desviara (de la religión) de su familia. La mente de Farid se nubló de confusión.

Esa noche, mientras se acostaba sobre el sofá en el que usualmente dormía, podía escuchar a su padre gritar. Con una sensación de terror, trató de no pensar en lo que podía pasar si su padre supiera lo que él estaba considerando. Se sentía atrapado. Presionó su cara contra el cojín del sofá, esperando que nadie lo escuchara llorar.

Farid estaba dormitando, con la cara pegajosa de tantas lágrimas, cuando escuchó una voz que lo sobresaltó, «Eres una nueva persona». Se sentó y miró en la oscuridad. Su hermano aún estaba dormido en el piso junto al sofá. Farid se preguntaba si había llorado tanto que empezaba a oír cosas. Cuando se quedó dormido otra vez, la voz se escuchó nuevamente, «Eres una nueva persona». Preocupado, caminó atravesando el cuarto hasta la puerta principal. No había nadie en el estacionamiento, ni siquiera en la calle.

Fue entonces cuando se dio cuenta que Dios le había hablado. «Eres una nueva persona». Las palabras cortaron su tristeza y su confusión, su mente se aclaró. Sintió alivio, transformación y esperanza. Ya no era Farid el refugiado perezoso, el problemático, el hijo que decepcionaba. ¡Dios le estaba prometiendo ser una nueva persona!

Con un nuevo sentido de libertad y paz, Farid continuó reuniéndose con Rafael. Sintió la fortaleza para tomar la decisión por Jesús. Juntos planearon un bautismo discreto, de acuerdo a la promesa que Dios le había dado aquella noche. Él decidió vivir como una nueva persona por el resto de su vida.

Farid ha tenido más batallas desde entonces, pero también ha visto muchas victorias. Conoce algunos de los desafíos que aún enfrenta, pero deja todo en las manos de Dios. Sin importar lo que viene por delante, él anhela servir a Dios de alguna manera, por sencilla que sea, y vivir la nueva vida que Dios le ha ofrecido.